El Palacio Real de Bruselas — Palais Royal de Bruxelles en francés — es el palacio oficial del Rey y la Reina de Bélgica, y funciona como núcleo administrativo y ceremonial de la monarquía belga. Se alza en el extremo sur del Parque de Bruselas, en la Rue Brederode, frente a la neoclásica Place Royale. Aunque proyecta una imponente presencia a lo largo de sus 300 metros de fachada neoclásica, el palacio no es la residencia privada de la familia real; desde el reinado de Leopoldo I, primer rey de Bélgica (1831–1865), los miembros de la realeza han residido en el Palacio de Laeken, en las afueras de la ciudad, y utilizan el palacio de Bruselas exclusivamente para actos oficiales, audiencias y funciones de Estado.
El emplazamiento atesora una historia de múltiples capas que se remonta a varios siglos atrás. El primitivo Palacio de Coudenberg, una magnífica residencia gótica de los Duques de Brabante, coronó esta colina desde el siglo XII y fue una de las cortes principescas más importantes de la Europa medieval — en él residió Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien abdicó aquí en 1555. Ese palacio quedó devastado por un incendio en 1731, y sus ruinas fueron paulatinamente sepultadas al replanificar la ciudad alta. La construcción del actual Palacio Real comenzó a finales del siglo XVIII, incorporando dos mansiones aristocráticas. El edificio fue ampliado de forma considerable y dotado de su imponente fachada neoclásica unificada bajo el reinado del rey Leopoldo II entre 1904 y 1912, transformándolo en la grandiosa estructura que puede contemplarse hoy. Cabe destacar que las monumentales bodegas abovedadas del Palacio de Coudenberg original aún se conservan bajo la Place Royale y pueden visitarse por separado como yacimiento arqueológico.
En su interior, el palacio alberga una sucesión de suntuosas salas de Estado destinadas a recepciones reales, ceremonias de presentación de cartas credenciales de embajadores y almuerzos oficiales. El interior más celebrado es la Sala de los Espejos (Salle des Glaces), cuyo techo fue rediseñado en 2002 por el artista belga Jan Fabre — lo recubrió íntegramente con los élitros iridiscentes de aproximadamente 1,4 millones de escarabajos joya (Sternocera aequisignata), creando una superficie tornasolada de un verde vivo que no tiene parangón en ningún techo real de Europa. Entre otros puntos destacados se encuentran la Sala del Trono de estilo Imperio, la gran escalinata y una serie de pinturas del siglo XIX que documentan la historia de Bélgica.
Desde 1965, una entrañable tradición abre las puertas del palacio al público cada verano, a partir del Día Nacional de Bélgica, el 21 de julio, y hasta principios de septiembre. La entrada es gratuita, aunque es preciso reservar entradas con horario fijo con antelación, especialmente para los fines de semana. Se recomienda a los visitantes reservar las entradas en el sitio web oficial de la Monarquía Belga en cuanto se anuncien las fechas de verano, habitualmente a finales de primavera. El palacio se encuentra a escasa distancia a pie de la Estación Central de Bruselas y muy cerca del mirador del Mont des Arts y la Place Royale, lo que lo convierte en un punto de referencia ideal para pasar una tarde completa explorando el histórico barrio alto de Bruselas.