Inaugurado en 2003 como pieza central del complejo Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava, el Oceanogràfic es el acuario más grande de Europa, con una superficie de aproximadamente 110.000 metros cuadrados sobre el antiguo cauce del río Turia. Su arquitectura fue confiada al difunto ingeniero mexicano-español Félix Candela, maestro de la construcción en láminas delgadas de hormigón. El resultado es una serie de estructuras de cubierta en paraboloide hiperbólico —las más espectaculares son los dos «paraguas» de blanco dosel sobre la plaza de entrada principal— que evocan simultáneamente las formas de criaturas marinas y flores de loto. El propio edificio es tan significativo desde el punto de vista arquitectónico como su contenido: Candela completó el diseño a los 85 años y falleció en 1997, justo antes de que comenzara la construcción, convirtiendo el Oceanogràfic en un monumento póstumo a su genio estructural.
En su interior, más de 45.000 animales de más de 500 especies se distribuyen en diez zonas temáticas que recrean distintos entornos marinos: el mar Mediterráneo, el mar Rojo, los océanos tropicales, los mares templados, los humedales, el Ártico y la Antártida, entre otros. El túnel de los tiburones —una pasarela acrílica de 35 metros sumergida en un tanque de 7 millones de litros— acerca a los visitantes a pocos centímetros de tiburones toro, tiburones nodriza y rayas látigo del sur. El pabellón del Ártico alberga belugas, cuyo comportamiento social y sus peculiares vocalizaciones las han convertido en una de las poblaciones más estudiadas de la instalación. La zona de la Antártida cuenta con la mayor colonia de pingüinos papúa y de penacho en cualquier acuario europeo, con un hábitat climatizado que mantiene una temperatura del agua de exactamente −1 °C. El delfinario tiene capacidad para 1.500 espectadores alrededor de una piscina de 24 millones de litros y acoge tanto espectáculos públicos como programas de investigación sobre mamíferos marinos realizados en colaboración con universidades españolas y europeas.
Más allá del espectáculo, el Oceanogràfic lleva a cabo serios programas de conservación. Su unidad de recuperación de tortugas marinas ha tratado y liberado cientos de tortugas boba (Caretta caretta) encontradas heridas en el litoral valenciano, y sus iniciativas de cría en cautividad incluyen trabajos con especies en peligro crítico de extinción como el caballito de mar de hocico corto (Hippocampus hippocampus). La instalación también gestiona una línea de rescate marino disponible las 24 horas, coordinada con la Guardia Civil del Mar. Bajo la laguna central se encuentra el restaurante Submarino, al que se accede a través de un breve recorrido por un túnel de acuario de 360 grados: uno de los pocos lugares de Europa donde los comensales están rodeados de tiburones y rayas mientras cenan.
Desde un punto de vista práctico, conviene reservar el día completo: el recinto es lo suficientemente grande como para que una visita apresurada de dos horas deje sin ver la mitad de los pabellones. Se recomienda llegar cuando abran las puertas (habitualmente a las 10:00) para alcanzar el túnel de los tiburones y el recinto de las belugas antes de que las aglomeraciones aumenten a media mañana. Las entradas en línea son más económicas y garantizan la entrada en una franja horaria determinada, que se aplica los fines de semana y durante las vacaciones escolares españolas. El Oceanogràfic está directamente conectado con el resto de la Ciudad de las Artes y las Ciencias mediante pasarelas peatonales y cuenta con servicio de las líneas de autobús EMT 35 y 95 desde el centro de Valencia. El calzado cómodo es imprescindible: la distancia entre los pabellones más alejados supera por sí sola el kilómetro.