La Plaza de la Virgen es el espacio público de mayor estratificación histórica de Valencia, y ocupa exactamente el mismo solar que el antiguo foro romano de Valentia Edetanorum, la ciudad fundada por el cónsul Décimo Junio Bruto en el 138 a. C. Esa continuidad no es meramente simbólica: las excavaciones arqueológicas realizadas bajo la plaza y en la Catedral adyacente han sacado a la luz columnas romanas, infraestructuras de drenaje y fragmentos de mosaico que confirman este lugar como el núcleo cívico y religioso del asentamiento original. A lo largo del período visigodo, la dominación árabe (711-1238 d. C.) y la reconquista cristiana bajo el rey Jaime I de Aragón, la plaza mantuvo su papel como centro ceremonial de la ciudad, acumulando nuevos monumentos con cada cultura sucesiva.
Tres grandes hitos definen los bordes de la plaza. La Catedral de Valencia, iniciada en 1252 sobre el emplazamiento de una antigua mezquita —construida a su vez sobre una iglesia visigoda— presenta una fachada compuesta de elementos románicos, góticos y barrocos acumulados a lo largo de cinco siglos de construcción. Inmediatamente junto a ella, la Basílica de la Mare de Déu dels Desemparats (Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados) fue concluida en 1667 con una planta elíptica de estilo barroco, y alberga la imagen del siglo XV de la Virgen patrona de Valencia, que congrega enormes multitudes cada mes de mayo durante la procesión del Traslado. Cerrando la plaza por el noroeste, el Palau de la Generalitat —sede del gobierno autonómico valenciano— data de 1421 y cuenta con uno de los más bellos patios góticos civiles de España; sus dos torres fueron añadidas en los siglos XVI y XX respectivamente. Un puente cubierto conecta el palacio directamente con la Catedral, detalle que da cuenta de la prolongada imbricación entre el poder eclesiástico y el secular en la gobernanza valenciana.
El elemento central de la plaza es la Fuente del Turia, una fuente barroca cuya figura masculina reclinada representa al río Turia —el sustento de la riqueza agrícola de Valencia— flanqueada por ocho figuras femeninas que personifican las antiguas acequias que los árabes ingeniaron y los cristianos heredaron. Estos canales siguen siendo gestionados hoy en día por el Tribunal de las Aguas, un tribunal hídrico que se reúne cada jueves en la Puerta de los Apóstoles de la Catedral desde al menos el siglo X, y que fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2009. Sentarse en el borde de la fuente una cálida tarde, mientras la torre octogonal de la Catedral —el Miguelete, concluido en 1429— se recorta contra el cielo, brinda una sensación de tiempo cívico que pocas plazas europeas pueden igualar.
La plaza es de acceso libre a cualquier hora y resulta especialmente evocadora a primera hora de la mañana, antes de la llegada de los grupos turísticos, o al atardecer, cuando la cálida luz valenciana tiñe de ámbar la piedra color miel. Cualquier jueves por la mañana, entre las 10:00 y las 11:00, es posible presenciar el Tribunal de las Aguas en sesión: agricultores ataviados con traje tradicional resuelven disputas de riego en valenciano, un ritual cuyo procedimiento permanece inalterado desde la época medieval. La plaza se encuentra a escasa distancia a pie del Mercado Central, la Lonja de la Seda (Llotja de la Seda, Patrimonio Mundial de la UNESCO) y el barrio del Carmen, lo que la convierte en un punto de partida ideal para pasar un día completo en el casco antiguo.