La Catedral-Basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Valencia — conocida localmente como La Seu — se alza en el centro geográfico y espiritual de Valencia, en un emplazamiento que ha acogido construcciones sagradas durante más de dos milenios. Antes de que se colocara la primera piedra de la catedral, el terreno albergó un templo romano dedicado a Diana, después una iglesia visigoda y, más tarde, una mezquita durante el período de dominio árabe. Cuando el rey Jaime I de Aragón conquistó Valencia en 1238 y la Reconquista llegó a la ciudad, la mezquita fue demolida y el obispo Ferrer de Sant Martí consagró la primera versión de la catedral ese mismo año. La construcción del edificio actual comenzó formalmente en 1262 y se prolongó hasta el siglo XV, lo que explica la notable estratificación arquitectónica del conjunto: el ábside y la Sala Capitular son románicos, la nave y el crucero son góticos, la fachada principal que da a la Plaza de la Reina es barroca (finalizada en 1703), y la Puerta del Palau — la puerta más antigua, orientada al este — es un destacado ejemplo del románico valenciano del siglo XIII.
La posesión más extraordinaria de la catedral se custodia en la gótica Capilla del Santo Cáliz, construida entre 1356 y 1369: una copa de ágata oscura datada en el siglo I d. C. que la Iglesia católica reconoce oficialmente como uno de los candidatos más sólidos al Santo Grial — el cáliz utilizado por Cristo en la Última Cena. La reliquia llegó a Valencia en 1437, trasladada desde el monasterio de San Juan de la Peña en Aragón, donde había sido custodiada desde el siglo XI. El papa Juan Pablo II celebró misa con este cáliz durante su visita a Valencia en 1982, y el papa Benedicto XVI repitió el gesto en 2006 con motivo del Encuentro Mundial de las Familias — dos avales pontificios que consolidaron su singular relevancia. La capilla también exhibe dos tablas del maestro gótico valenciano Paolo de San Leocadio, pintadas hacia 1472.
Subir el Miguelete — la torre campanario octogonal de la catedral, iniciada en 1381 y concluida en 1429 — es una de las experiencias físicas más emblemáticas de Valencia. La torre se eleva 51 metros y exige superar 207 escalones; desde la cima, la panorámica de tejados con tejas anaranjadas del casco antiguo se despliega en todas direcciones, y en los días despejados se divisa el Mediterráneo. La torre toma su nombre de la gran campana instalada el día de la festividad de San Miguel (29 de septiembre) de 1539, que ha regulado la vida cívica y agrícola valenciana durante casi cinco siglos. En el interior de la catedral, la nave gótica iluminada por la linterna conserva dos pequeños lienzos atribuidos a Francisco de Goya a ambos lados del ábside, descubiertos durante una restauración del siglo XIX y aún objeto de debate entre los historiadores del arte.
Los visitantes deberían reservar al menos 90 minutos para hacer justicia a la catedral, la capilla del Santo Cáliz, el museo diocesano (que alberga los lienzos de Goya y retablos medievales) y la torre del Miguelete. La catedral es accesible por tres puertas históricas, cada una orientada hacia una plaza diferente: la Plaza de la Reina (fachada barroca), la Plaza de la Virgen (Puerta de los Apóstoles, una puerta gótica del siglo XIV célebre por ser la sede del antiguo Tribunal de las Aguas) y la Plaza de Almoina (Puerta del Palau). El Tribunal de las Aguas — institución reconocida por la UNESCO que se reúne todos los jueves desde al menos el siglo X para resolver disputas de riego — sigue celebrando sus sesiones públicas ante la Puerta de los Apóstoles al mediodía, un rito vivo que permanece inalterado desde hace más de mil años.