El Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí ocupa uno de los edificios con decoración más teatral de España: el Palacio del Marqués de Dos Aguas, una noble residencia gótica del siglo XV que fue radicalmente transformada entre 1740 y 1744 bajo la dirección del pintor Hipólito Rovira Meavilla. El resultado es una portada de alabastro de una complejidad casi alucinatoria: dos colosales dioses fluviales flanquean a la Virgen María sobre una masa arremolinada de follaje, animales y figuras humanas, todo tallado en alabastro blanco sobre una profunda fachada ocre. Los historiadores del arte la sitúan sistemáticamente entre las expresiones más extremas del estilo barroco churrigueresco español, y sigue siendo la fachada más fotografiada del centro histórico de Valencia.
El museo debe su existencia al anticuario y coleccionista Manuel González Martí, quien pasó décadas reuniendo más de 1.500 piezas cerámicas que documentan el arco completo de la producción valenciana. Donó la colección al Estado español en 1947, y el palacio fue inaugurado oficialmente como museo nacional en 1954. En la actualidad, los fondos se han ampliado para abarcar más de 5.000 años de historia cerámica: desde piezas neolíticas e ibéricas hasta la terra sigillata romana, las lozas medievales de reflejos metálicos hispanoárabes de Manises —el pueblo cercano a Valencia que abasteció a la corte papal de Aviñón en el siglo XIV—, las célebres piezas de la manufactura alcorense del siglo XVIII y la cerámica de autor del siglo XX. La colección incluye también una destacada sección de artes decorativas con carruajes históricos, muebles, tejidos y pinturas que originalmente decoraban las salas de aparato del palacio.
En el interior, el propio palacio compite con las exposiciones por captar la atención. Los salones rococó del piano nobile conservan sus originales techos de estuco policromo y colgaduras de seda, mientras que el dormitorio de la duquesa exhibe un interior decimonónico completo con su mobiliario original. Una sala dedicada muestra los mejores paneles de azulejos valencianos, incluidas instalaciones de cocina y comedor de suelo a techo que ilustran cuán profundamente arraigado estaba el arte cerámico en la vida aristocrática cotidiana. La secuencia de salas dedicadas a la loza de reflejos metálicos de Manises —con su característica decoración de oro metálico y azul cobalto que convirtió la cerámica valenciana en la más apreciada de la Europa del siglo XV— resulta especialmente notable por su profundidad y el rigor de su catalogación.
El museo se encuentra en la calle Poeta Querol, en el corazón del casco antiguo de Valencia, a cinco minutos a pie de la Catedral y la Plaza de la Reina. La entrada es gratuita para ciudadanos y residentes de la UE; el resto de visitantes abonan una pequeña tarifa. El museo cierra los lunes. Conviene reservar al menos 90 minutos para disfrutar tanto de la colección como de la arquitectura del palacio, y no hay que perderse el exterior: la portada de alabastro luce mejor fotografiada con la suave luz de la mañana, antes de que lleguen los grupos de turistas.